TATUAJE DE TORTUGA: SIGNIFICADO DEL TÓTEM

Uno de los animales vertebrados más antiguos del mundo, perteneciente a la familia de los reptiles, la tortuga está presente en diferentes especies y en diferentes partes del mundo, especialmente en las zonas tropicales y subtropicales, poblando cualquier medio ambiente, desde el continente hasta los lagos y los mares.

Es conocido por su lentitud, pero la longevidad es su principal característica, una característica que ve en él una simbología muy importante: la de la resistencia, la persistencia y la continuación de la vida. Y también el de un efectivo amuleto de buena suerte, una especie de “amuleto” contra el mal de ojo y la mala suerte. El hecho de vivir casi con indiferencia de todo lo que la rodea, también hace de la tortuga un animal profundamente sabio, del que sólo hay que aprender, atesorando su modelo de comportamiento y adoptándolo para su estilo de vida.

Una imagen del Universo, su armadura es redonda arriba como el Cielo y plana abajo como la Tierra – simbolismo de la Cúpula – y sus cuatro patas asumen la función de pilares, como estabilizadores de las islas del Cosmos. El retiro de la tortuga en su armadura, además de ser un mecanismo de protección, de autodefensa, es el emblema de una importante actitud espiritual, que es la concentración, el retorno al estado primordial, casi una involución.

Y de nuevo, la tortuga simboliza la maternidad y la creación, y el orden y la paciencia. Desde este último punto de vista, el tótem de este animal es una ayuda para seguir el flujo constante de la vida, para vivir mejor el presente y para desarrollar la tolerancia, la resistencia, la paciencia misma, a fin de esperar el momento más propicio para tomar decisiones importantes.

LA TORTUGA MAORÍ Y EL SIMBOLISMO DEL TATUAJE

Generalmente los tatuajes que representan a las tortugas se refieren a la imagen estilística de las tortugas maoríes. Hay que decir, sin embargo, que este tipo de tatuaje no es muy común entre los habitantes de Nueva Zelanda: navegante y muy apegado al mar, de hecho prefería otros tipos de animales, como los delfines o las ballenas.

Hay muchos significados relacionados con el tatuaje de la tortuga maorí, en primer lugar el de protección: así como el caparazón defiende al animal de los agentes atmosféricos y -pocos- depredadores, los que han tatuado este símbolo se sentirán protegidos en cuerpo y espíritu. Sin embargo, el caparazón de la tortuga es también su hogar, que no abandona, y por lo tanto el tatuaje de este animal pone de relieve los fuertes lazos con su familia. No es casualidad que sea uno de los diseños más populares entre la familia, parientes o amigos.

La elección de una tortuga maorí como tatuaje también puede vincularse a algunos aspectos del carácter o la psicología del animal tatuado: quien elige este tema es, en la mayoría de los casos, un individuo paciente y reflexivo, a veces inseguro, que “se mueve” sólo cuando está totalmente convencido y seguro, y por lo tanto lentamente, como la tortuga. Y es, además, un individuo generalmente racional y poco creativo, que no deja nada al azar, calculando cualquier imprevisto o riesgo.

La tortuga maorí, por último, también puede simbolizar en cierto modo la inocencia, la de aquellos que se “refugian” en su caparazón -entendido metafóricamente- en situaciones peligrosas o de gran incomodidad.

EL TÓTEM DE LA TORTUGA EN LOS NATIVOS AMERICANOS

Para los nativos americanos la tortuga es un animal sagrado, y de hecho de su caparazón habría nacido el primer continente: espíritu protector y emblema de supervivencia, representa a nuestra Madre Tierra, que invita a no actuar precipitadamente sino a respetar sus propios tiempos, para tomar la mejor decisión sobre un tema importante. La tortuga deja fluir la vida pero al mismo tiempo enseña a mantener los pies firmemente en el suelo, para evitar los errores dictados por la prisa. Pertenece tanto al agua, que gobierna el inconsciente y las emociones, como a la tierra, símbolo de concreción, racionalidad, solidez y estabilidad emocional.

La tortuga, además, representa la conexión con las fases de la luna: observando su caparazón, de hecho, es posible identificar trece formas más grandes, que los nativos americanos asociaban con las trece lunas llenas del año, y veintiocho más pequeñas, que constituirían los veintiocho días del calendario lunar.

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